La derrota de los insurgentes en Barcelona no cabe atribuirla enteramente a la reacción popular, sino que también fue posible gracias a la colaboración de la guardia civil y los guardias de asalto. Sofocados los últimos focos de resistencia el 20 de julio de 1936, los militantes de la CNT-FAI mantuvieron en su poder las armas tomadas para combatir la sublevación. (Julián Casanova, 1986: 16, 45)