La imagen es de hecho una talla gótica de madera que se colocaba acostada sobre los cuerpos de los difuntos durante el cortejo fúnebre, de ahí la inclinación de su cabeza, que reposaba sobre un cojín. Posteriormente fue recubierta con los mantos y joyas que hoy la adornan, y en el siglo XVIII se añadieron los dos inocentes que figuran a sus pies, por obra del escultor Ignacio Vergara.